Yo, verdugo.

Tengo mucho miedo de leerme. Las letras me acompañaron los días más difíciles, me arroparon en invierno y me reflejaron el sol al calor. Pero siento como sufren cuando las junto, cuando intento revivirlas.

 Soy mi peor crítico. Me ato las manos para no enfrentar el fracaso. No quiero dejarlas, pero tampoco  prologar su agonía.

 ¿Dónde estás Calliope, cuándo más te necesito?
 En las manos de algún buen letrado.
 Y yo, sigo luchando.

Matias T. P. Leiva

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