Ante mi, la culpa
El subte viene lleno, un alivio. Entramos,
como podemos, y somos abrazados por todos lados, por todos. Nos miramos con los
ojos tristes. Sabemos que dentro de poco muchos de nosotros quedaremos en el
camino, y tal vez, no volvamos por mucho tiempo. El sudor gotea por la frente,
una frente colectiva que se seca y besa. Nos vamos a extrañar.
Antes las quejas, gritos y murmullos nos daban
ganas de huir y jamás volver. Hoy nos
acompaña un silencio fúnebre, con olor a miedo. La culpa del asiento vacío nos
pregunta ¿Por qué él y no vos?
Al muchacho de al lado le toca bajar. “Lo lamento” y bajamos la mirada. Sus manos sudan el hambre de su familia. Asumimos la culpa, nosotros lo enterramos.
Esta es mi parada.
¿Gracias?
Matías T. P. Leiva