El pájaro canta desesperado la maestra escribe "el fin ha llegado". - Hermano mio ¿no ves como sangro, no ves como lloro? arrastro mi cuerpo, nada me pertenece. - Ayudaría a tu vida una bienvenida, pero estoy en otra parte, estoy en otra vida. Silvo la paz de la gran Buenos Aires. Oigo los pasos tensos, triste, rotos, de una madre y sus dos pequeños. El odio mira a la luna sin culpa. Allí vamos aquí espero. Cae triste el lápiz en pequeñas hojas. Proyecto la paz que me abandona. El pájaro canta desesperado - Padre ¿Qué me has hecho? tan solo una pizca de compasión merezco. - Ya no veo, ya no siento mas que el egoísmo de mi sangre. - Padre, padre, no me dejes estancado. Imploro compasión, tengo los días contados. Con el corazón en la mano camino. Mi alma en pena ya no suspira. Huye la esperanza, la maestra escribe "el fin ha llegado". Matías T. P. Leiva
Rubia como la duda de mi pena rubia rubia como el acecho, como la guerra, como el abandono. Rubia te querré siempre, rubia la pena, duda ¿y si la pierdo? rubia rubia. El amor es la nieve que nos falta la llave, tu crisol. Rubia ¿qué sucede? ya no sale el sol. Rubia. Ilumina. Escarcha que escucha el clamor del infierno. Rubia lucha. ¿Quién? Matias T. P. Leiva
Digo la verdad que uso para amarte. la - muchas veces - perdida y hedionda maldad que (sin querer) peco por protegerte, y la sincera oscuridad que siento intento cambiar. No hay perdón que por bien no sea lo que necesito. Secretos luminosos resguardo tras la mentira del segundo día. Quién dirá, quizá, quizá, me quieras desviar. Miento para proteger la verdad. Te digo solo, y exclusivamente, la verdad que uso para amar.